Desde que me mudé a la ciudad siempre eché en falta el poder compostar los residuos orgánicos, tal como lo hacía en casa de mis padres, nunca te das cuenta cómo te ha invadido el sentido medioambiental hasta que te ves obligado a actuar de forma incorrecta, y precisamente esta es la satisfacción que me ha dado el vermicompostaje, una forma sencilla de compostar en la ciudad.
Que qué es el vermicompostaje?, pues algo muy sencillo, tan sencillo como el compostaje pero con lombrices, de ahí su nombre, vermes en latín significa gusano, pues éstos son los que hacen de nuestros restos orgánicos un fabuloso compost que poder utilizar como abono para nuestras macetas o huerto urbano.
Hacer vermicompost es, pese a lo que mucha gente cree, una práctica muy sencilla, cómoda y limpia, pues los vermicompostadores ayudan a desarrollar todo el proceso en un recipiente cerrado, con la aireación justa para que las lombrices no sufran de falta de oxígeno, transformando la materia orgánica en humus de lombriz incluso mucho más rápido de lo que sucedería con el compost tradicional.
En mi caso, y ahora en verano, lo que suelo hacer es prescindir del cubo para la fracción orgánica que tan bien me va en invierno, de manera que tiro diariamente todos los restos orgánicos de las frutas y verduras directamente al compostador, de esta forma siempre tiene una humedad más regular, y no se genera en la cocina ese lixiviado desagradable que se suele formar durante el verano con tanta facilidad, buena parte de la culpa debido al melón y la sandía, que tienen tanta agua.
Y ya está, no dije que era fácil?, pues eso es todo, dentro de unos meses ya me toca volver a sacar el vermicompost, que se habrá hecho solo gracias a mis preciadas mascotas, las lombrices rojas de california, que son la delicia de mis sobrinos y la delicia de mi huerto urbano.
Un afectuoso saludo a todo el que se anime a vermicompostar.
Carolina.



